Acuarela y tinta sobre cartulina. Solares, escaleras y fachadas de una ciudad que se va perdiendo en el tiempo, pintada por alguien que vive adentro.
Cada pieza es única, viaja con su certificado de exportación y llega a tu casa con el envío incluido en el precio.
No son la ira ni la denuncia. Es develar la intimidad, la vida en esos espacios donde polvo y humedad son paisaje común.
Vida precaria, dura, pero vida. Vida también marcada por la felicidad. Allí conviven delito y deleite, deseo y dolor, los sonidos del cuerpo y el ruido citadino, las frases de amor susurradas en una habitación y el vocerío indomable en el que se mezclan pregones, bromas, ofensas.
El ocre de las paredes, la penumbra en pasillos, habitaciones y escaleras alternan con el hachazo de luz, la cuña azul del cielo. De la penumbra a la claridad, del claustro al espacio abierto: esa es la paleta elegida.
No interesa el falso color local de las imágenes hechas para el consumidor extranjero. Interesa esa luz que está en los bolsillos con pocos ingresos. Esa luz es la otra acuarela que yace bajo cada uno de los cuadros.
Cada acuarela es original y existe una sola vez. Cuando se vende, se va del catálogo.
Artista independiente desde 1999. Su obra está en colecciones privadas de Estados Unidos, México, Canadá, Italia, España, Francia, Dinamarca y Alemania.